Los estereotipos son una trampa que desfigura la realidad. Etiopía, con una historia cargada de sufrimiento, es también y no en menor medida un país con una cultura milenaria y riquísima apenas reconocida. La imagen de las hambrunas apocalípticas, que han ocurrido hace ya más de veinte años, sigue determinando la percepción que se tiene del país. Y en cierto modo entorpeciendo su desarrollo, porque ni las miradas ni las inversiones suelen dirigirse a lugares que se consideran míseros e inseguros. Es una tremenda injusticia y un desprecio hacia los millones de personas que se levantan cada día para ir al trabajo, llevar a los hijos a la escuela y tratar de salir adelante. Para superarlo, además de su esfuerzo, basta con que queramos ver, que abandonemos la soberbia y tengamos la humildad de reconocer que hay muchas cosas que ignoramos del otro.
ADDIS ABEBA
Una ciudad como Addis Abeba, una espacio urbano desordenado, en construcción, trufado de rascacielos pegados a casuchas de barro a punto de caer, de niños cruzando avenidas con rebaños de cabras junto a tipos que se manejan con soltura en las redes sociales, eso te confunde. Y todo compartiendo espacio, el siglo XXI y la Edad Media al mismo tiempo. Es impactante la miseria y la enorme desigualdad. Pero es interesante descubrir la vida de la gente corriente y de una incipiente clase media que están emergiendo para levantar el país, a pesar de todas las dificultades, que son muchísimas, inimaginables muchas veces desde nuestra comodidad.
Las dos cara de la moneda
Es la expresión de la sangrante desigualdad en Etiopía. Son las dos caras de la moneda, sí, como lo son en nuestra sociedad desarrollada, pero en unas proporciones descomunales. Lo que no se puede creer es que sea una condena perpetua, hay que creer que los pueblos tienen capacidad para progresar. En todo Argentina no está tan lejana la explotación de los trabajadores, como tampoco el tráfico de esclavos en Estados Unidos. Un ejemplo de lo perniciosos que son los estereotipos. Tendemos a pensar que los africanos están incapacitados para mejorar sus condiciones de vida y que solo pueden desarrollarse los países con un poco mejor calidad de vida.
Abrir los ojos a la realidad
El propósito de este texto es resumir sobre Etiopía. Una país de pobreza extrema, que no se oculta ante el mundo pero si se hace invisible con el silencio de los medios internacionales que están mas preocupados por el nuevo pantalón de Brad Pitt que por los pibes que mueren de hambre. Este silencio es inmoralidad. Por eso es bueno apenas saber algo sobre los aspectos de la realidad más allá de nuestros países. Conocer gente que así como en estas latitudes también trabajan por un sueldo. Debemos interesarnos en esa otra cara para responder a preguntas que muchas veces nos hacemos sobre nuestra propia existencia. Sobre nuestra misión humana y sobre las diferencias que al parecer nos igualan con el resto del mundo explotado.
Gente como uno
Gente que, seguramente sin mala intención, se pregunta si es común ir bien vestido al colegio, o si se puede caminar por en otras parte del mundo sin temor a ser raptado o aniquilado por una bala asesina. Esta gente es como uno, solo que vive otros riesgos, y tiene otras herramientas para luchar contra la desidia que provoca la desigualdad. Aunque hoy estén olvidados por el mundo, es bueno debes en cuando recordar a la humanidad que Etiopía no es solo un nombre para canciones, sino que es un lugar donde el ser humano necesita ayuda.
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