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lunes, 24 de febrero de 2014

EE.UU. “El monstruo grande” además contamina fuerte

Ya se sabe con suficiencia que el cambio climático es consecuencia de la emisión de gases de “efecto invernadero” a la atmósfera. A esta altura de los acontecimientos y con los hechos que están a la vista, ya nadie osa discutir la relación directa que existe entre las prácticas económicas de la humanidad y los incrementos globales de la temperatura. Sin ir más lejos, la capital de la República Argentina ya no está en una zona de clima templado, como estudiamos cuando fuimos a la escuela. Hace unos años se admitió que sus parámetros climáticos son equivalentes a los tropicales.
Es verdad que en los últimos tiempos se avanzó en materia de conocimiento alrededor del cambio climático pero lamentablemente, los progresos en el rubro de las determinaciones políticas son bastante menos espectaculares y en verdad, todavía no se adoptaron decisiones que permitan aventurar un futuro promisorio. Gobiernos y sociedades civiles aún están lejos aún de adoptar las reacciones viscerales que surgen del miedo. Como si las prolongadas sequías, las tremendas inundaciones, los incendios forestales, la creciente intensidad y frecuencia de los huracanes, se desarrollaran en otro escenario, distante de la Tierra.
Hasta el momento, muy poco se habla sobre la incidencia de las conflagraciones bélicas en el cambio climático global. Sabíamos de la función perniciosa de las industrias contaminantes, del carácter perjudicial de los desmontes nativos, del aporte de las represas hidroeléctricas y de muchos otros factores, pero hasta hace muy poco nada se había dicho de la contribución de las guerras a la fritura generalizada.
Por eso, hay que hacer circular los pocos datos que existen. Desde una perspectiva meramente económica, se afirma que el gasto total que Estados Unidos destinó para costear su agresión contra Irak hasta marzo de 2008, habría cubierto la totalidad de las partidas que serían necesarias para invertir en energías renovables desde ese año hasta 2030. La faceta agrega una dosis de criminalidad más al genocidio que Washington puso en marcha hace poco más de una década.
Por otro lado, las operaciones bélicas que desarrolló Estados Unidos durante los primeros cinco años de su agresión, implicaron la liberación de 141 toneladas métricas de dióxido de carbono (CO2) equivalente. Para que la enumeración no quede abstracta, digamos que ese volumen equivale a las emisiones de 25 millones de automóviles. Una magnitud a todas luces aterradora.
Si con otra perspectiva, se consideraran a las emisiones que provocó la agresión bélica como si fueran las de un país, éstas superarían las anuales de 139 países. Por ejemplo, la Guerra de Irak emitió menos gases de “efecto invernadero” que Nueva Zelanda y más que Cuba. Además, por sí sola, emitió por año más del 60 por ciento de las emisiones de todos los países en su conjunto.
Las emisiones que se liberaron a la atmósfera en los primeros cinco años de agresión, fueron dos veces y media las que se podrían evitar entre 2009 y 2016 si California hubiera implementado las autorregulaciones que propuso oportunamente y que la Casa Blanca rechazó. Cabe recordar que el PBI californiano sería el quinto del planeta, si se comparara a ese estado de la Unión con economías nacionales. Hablamos entonces de una reducción sustantiva, que se evitó poner en práctica.
Con los 600 mil millones de dólares que el gobierno estadounidense erogó en Irak hasta el primer trimestre de 2008, se podrían levantar 9.000 parques eólicos, con una capacidad de 50 MW cada uno. Esas instalaciones estarían en condiciones de abastecer de electricidad a un cuarto de la población estadounidense. Otro dato a tener en cuenta para cotejar la importancia del dislate, es que si el 25 por ciento de la energía proviniese de la eólica en lugar de los combustibles fósiles, se podrían reducir emisiones en mil millones de toneladas métricas por año. Esa proporción equivale aproximadamente a la sexta parte de las emisiones totales que produjo Estados Unidos en 2006. Pero la culpa no es exclusivamente estadounidense: en 2006, ese país gastó en la agresión contra Irak más recursos que todas las inversiones que se practicaron en el mundo para poner en funcionamiento fuentes energéticas renovables.
Por eso, las promesas electorales del dos veces presidente tenían desde el vamos un alcance muy relativo. Cuando todavía era senador por Illinois, Obama adelantó que si se instalaba en Washington, invertiría “150.000 millones de dólares en los próximos 10 años para la próxima generación en tecnología e infraestructuras de la energía verde”. La friolera parecía muy importante, pero era en realidad la que erogaba Estados Unidos cada 10 meses en el país árabe.
Las estimaciones que se dieron a conocer eran en realidad conservadoras, ya que sólo tuvieron en cuenta a las operaciones de combate, en las que se utiliza combustible en forma intensiva. También, contabilizaron en forma aproximada los incendios en los pozos de petróleo, el incremento en las explosiones de los yacimientos de gas, la utilización masiva de cemento en las tareas de reconstrucción y fortificaciones de seguridad, más el uso significativo de explosivos y de productos químicos. Todas estas variantes contribuyen al calentamiento global de manera contundente.
Por el contrario, no se tuvieron en cuenta emisiones que son muy difíciles de evaluar, como las que se producen en los transportes de tropas y provisiones. Más cerca en el tiempo: ¿qué cantidad de emisiones implicaron los bombarderos de la OTAN en Libia? ¿Y la guerra civil que las potencias indujeron en Siria? No sólo vidas humanas se pierden en las guerras.
El Cordillerano

domingo, 23 de febrero de 2014

Los niños soldados, un tema olvidado por el mundo


No obstante los esfuerzos por la divulgación de los derechos de los niños, según un informe de la Asamblea General de la ONU, 50 grupos armados y ocho gobiernos reclutan a 300,000 menores de edad para que integren sus milicias en diversas actividades que van desde actividades domésticas hasta la esclavitud sexual. 

El tema de la explotación de menores ha recobrado el interés de la opinión pública debido al aumento de los conflictos armados en el mundo. Hoy ya no predominan las guerras entre los países, sino las acciones bélicas entre grupos armados. Los conflictos son ahora predominantemente de carácter religioso, étnico, o simplemente la búsqueda de dominio y poder. 

Según datos del Programa de Conflictos de la Universidad de Uppsala, si bien es cierto que desde el fin de la Guerra Fría, el número de las guerras entre Estados ha disminuido de 50 en 1990 a 35 en 2011, no ha pasado lo mismo con los conflictos intraestatales o menores. 

Estas guerras con menos de 1,000 muertos por días en el mundo constituyen el 65% de todos los enfrentamientos bélicos. 

Una de las razones de este aumento se encuentra en el cambio climático. Ya investigadores de la prestigiosa revista Science han asegurado que el aumento de las emisiones de los gases de efecto invernadero están afectando las tierras de cultivo, el acceso al agua potable, la pesca, el pastoreo. Todo esto crea mayores tensiones en el mundo. Y los menores de edad son uno de los grupos más vulnerables. 

Testimonio 

El español Chema Caballero, representante de Desarrollo y Educación Solidaria, es uno de los pocos que pueden dar su directo testimonio de la vida de estos menores explotados ya que ha trabajado directamente en la rehabilitación de niños en Sierra Leona. 

Caballero ha podido reconstruir  la vida de estos niños abusados que se encuentran en todo el mundo. No obstante, la mayoría se halla en África y Asia. Todo comienza con el reclutamiento que es generalmente forzado en las zonas de conflicto o simplemente son secuestrados de las manos de sus padres. 

Desde los 8 años, los infantes son utilizados en distintas tareas. Desde auxiliar de cocina, limpieza y si son niñas, las obligan a ser lavanderas hasta esclavas sexuales. Cuando ya tienen edad para ser soldados, comienza un "trabajo especial" para deshumanizar al infante. 

"Es un entrenamiento militar que contiene mucha violencia. Les castigan físicamente, les obligan a matar a sus compañeros cuando rompen alguna regla o intentan escaparse", señala Caballero en una entrevista dada a la página web "La Información". 

Estas escenas nos parecen hoy conocidas gracias a la película Diamantes Sangrientos que denuncia cómo se financia a través del comercio ilegal de diamantes en Occidente, las guerras entre grupos en Sierra Leona 

El trabajador social describe la brutalidad del sistema para que el niño desconozca a su familia de origen, los obligaba a asesinar a un hermano, primo, tío para terminar de romper ese especial vínculo. Sin familia, luego, el infante se vuelve más manipulable a las órdenes de su explotador. 

Incluso, Caballero tiene información de que antes de entrar en combate, sus superiores les obligan a inhalar una mezcla de pólvora con cocaína para convertirlos "en auténticas máquinas de matar".   Recuperación 

Aquellos que tienen suerte de salir de esa pesadilla, encuentran por delante un largo proceso de recuperación, pero que  nadie puede garantizar su éxito final. 

Para que pierdan la violencia que han interiorizado, los niños deben tener la seguridad necesaria para contar su historia, como parte de la misma terapia de las ONG. Algunos logran una plena reinserción a la vida civil hasta destacar como profesional. Pero en otros, aún pesa más el trauma de ser niños soldados. 

Al drama de los niños soldados no deben ser los peruanos indiferentes cuando en el VRAEM, Sendero Luminoso adoctrina a los menores y los fanatiza a corta edad. Su recuperación física y psicológica es una tarea de todos. 

Avances y retos 

La ONU impulsa que los países ratifiquen el protocolo facultativo de la Convención de Derechos del Niño sobre la participación de conflictos armados". En este documento se prohíbe que cualquier menor de 18 años participe en forma directa en acciones armadas. Además obliga a los Estados a impedir el reclutamiento de menores. El Estado también se vuelve responsable de la rehabilitación del niño movilizado. Organizaciones no gubernanmentales (ONG) como Amnistía Internacional y Save the Children buscan también que más países ratifiquen el protocolo. Ya 155 naciones han aprobado la medida. Sin embargo aún 22 no lo han firmado ni ratificado y 20 los que han firmado, pero aún no ratificado. En las últimas semanas, los gobiernos de Yemen, República Democrática de Congo y Somalia han acordado medidas para evitar el reclutamiento, castigos que llegan a la mutilación de los menores. Sin embargo, se conoce que estas salvajes prácticas siguen presentes en estos conflictos.    Debemos recordar que el futuro del mundo dependerá de cómo hoy educamos a nuestros niños. 

En el banquillo 

Save the Children señala que 19 países que siguen reclutando a menores como soldados, son Afganistán, Chad, Colombia, Costa de Marfil, Filipinas, India, Iraq, Líbano, Libia, Mali, Myanmar, Paquistán, República Centroafricana, República Democrática del Congo, Sudán, Sudán del Sur, Siria, Tailandia y Yemen. 

"Conflictos como el de República Centroafricana (RCA) o Sudán del Sur han puesto en primera línea el drama del reclutamiento de niños como soldado", reza el comunicado.